Me sacaron dos muelas
Pues así como dice el título. Todo comenzó hace ya algunos meses luego de comer una deliciosa bolsa de Doritos® y acostarme a dormir sin haberme lavado los dientes previamente (solamente las mujeres se lavan los dientes por la noche). ¡Eso fue suficiente para al día siguiente recibir de regalo una linda infección! Como todo hombre del norte de México no le dí importancia al incesante dolor en mi boca y seguí comiendo como los dioses ordenan (con mucho picante). Algunos meses después, mientras comía una grasosa hamburguesa en un lindo restaurante, sentí cierta molestia en mis muelas “del juicio”, como le llama la gente. Fue ahí cuando lloré de dolor mientras degustaba de mi rica hamburguesa con mucho picante. Obviamente esto es normal ya que los hombres del norte de México lloramos al comer mucho picante, sin embargo una bella mesera se acercó y me preguntó si todo estaba bien. No podía permitir que otra linda mujer me viera llorar por mis dolores de muelas, no podía volver a pasar, ¡qué diría la sociedad, la gente en la iglesia, qué diría el presidente municipal!. Así que tomé la decisión de ir con una dentista para que me sacara los dientes con pinzas, como acostumbran esos salvajes rechazados de la carrera de Medicina. Llegué con la señorita dentista, me recostó en una cama y me metió un espejo en la boca, luego de revisar un poco me dijo algo como “Tienes 4 caries, una fractura en un diente producto de un golpe, traes dos llagas y tienes que sacarte las muelas del juicio porque te están causando un (alguna enfermedad con nombre raro)”. -¡Vale, pues retírelas de inmediato a las muy cabronas!-, exclamé con cierto enojo. Luego me explicó que no podía, basicamente porque es una inepta que no terminó el curso, así que me envió con un médico militar.
¡Vaya, al fin alguien me dará un par de golpes para terminar con este dolor!, pensé. Luego de unos días de vacaciones acudí con mi nuevo héroe. Me recibió su asistente, quien me recostó y me preguntó si había desayunado. Estaba a nada de invitarle unos burritos pero agregó que preguntaba para escribirlo en el expediente. -El doctor viene en camino-, dijo. Mientras, me puse a imaginar al doctor militar que me atendería. “Es militar, seguro tiene el pelo corto, camina derechito, es de pocas palabras y me dará un par de golpes que me dejarán sin muelas y sin dolor. Tal vez hasta le regale un arma al terminar el procedimiento”, pensaba yo.
Poco después entró al consultorio un hombre gordo, de cabello blanco, de poca estatura, quien con un tono de voz totalmente homosexual me dijo: Soy su doctor, me dijeron que viene a cirugía de tercer molar.
¡Un militar homosexual metiendome cosas a la boca! ¿Qué pensarían mis padres?
En fin, luego de una breve explicación, comenzó a anestesiarme la boca y a meterme cosas en la boca mientras decía frases que se sabía de memoria , como “Vas a sentir ligera presión que aumenta y aumenta, la molestia es normal, si existe dolor levantas tu mano izquierda”. En fin, todo salió bien, imagino que todos los doctores homosexuales tienen la mano “suavecita” (el médico de la familia tambien es gay, curiosamente). Lo único malo de todo esto es que debo comer comida de mujer, ya que no puedo comer cosas sólidas, llevo unos días “comiendo” crema de elote, zanahoria molida, gelatinas y licuados, por lo que existe un miedo generalizado en la familia a que me salga una vagina. Todo está bien por ahora pero no puedo asegurar que siga así.